Mi experiencia conociendo San Juan de Úlua

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La mañana en Veracruz amanece templada y es agradable respirar el aire puro del Golfo de México, me dirijo hacía las inmediaciones del Acuario de Veracruz, donde un tranvía me aguarda para realizar una visita obligada. El tranvía arranca al unísono de sones jarochos y melodías típicas de la región, mientras nos dirigimos hacía el Noroeste, pasando además por algunos de los lugares representativos del puerto como: la Escuela Náutica Mercante, Playa Regatas, Club de Yates, Faro de Venustiano Carranza, Malecón, Correos y Telégrafos, Plaza de la República, y casi a punto de llegar al fuerte, nos encontramos nuevamente con el mar, de nuestro lado izquierdo, la sensación de la refrescante brisa es bastante placentera, aunado a la excelente vista que tengo desde el segundo piso del Tranvía. Desde ahí se puede ver una playa en calma de un azul espectacular, muy solitaria además, teniendo únicamente como invitados a unos cuantos pescadores de la región, algunos niños chapoteando y jugando en el agua. Aprovecho para tomar fotografías de ese bello escenario, deseando profundamente sumergirme en ese mar apacible y cálido. Pronto el panorama cambia haciéndonos paso a una entrada angosta para descender del Tranvía y encaminarnos a la entrada, donde nos proporcionan algunas indicaciones generales durante el recorrido.

En cuanto ponemos un pie dentro de las instalaciones se puede observar a nuestra izquierda que nos aguarda una isla cargada de historia y por supuesto de leyendas, semejando una pequeña ciudad amurallada, con sus respectivas torres de vigilancia.

Lo primero en cruzar es un puente que nos indica que ya hemos entrado a la fortaleza, hacemos una pausa para contemplar las paredes de la edificación y descubrir que no se trata de una simple construcción hecha con adobe o ladrillo, sino de Coral, adherida con una mezcla de: concha de ostión, huevos de tortuga, arena y agua de mar, según relata el guía. Caminando un poco más nos adentramos a uno de sus patios para poder llegar a lo que sirvió como bodegas donde se guardaba armamento o almacenaban materiales, y metales preciosos. Explicándonos así que el estilo de construcción de las mismas tiene influencia árabe, esto en la forma de algunos de los arcos. El recorrido continúa hacía uno de los puntos más asombrosos del lugar: el Muro de las Argollas, tomando el nombre, debido a los enormes anillos que penden de la pared, utilizados para atracar barcos. Pronto aumenta mi sorpresa al observar el panorama que tengo frente a mis ojos; la espectacular vista de gran parte del Puerto de Veracruz, de inmediato todas las personas se reúnen para tomarse la foto familiar, en pareja o por qué no una “selfie”, es importante plasmar en una imagen lo que maravilló nuestros ojos por un instante, dentro del marco de una edificación histórica, teniendo como base el azul del mar y de fondo casi como en “maqueta”, el Faro a Venustiano Carranza, la Torre de Pemex, el malecón, la zona hotelera, entre otros puntos representativos del lugar. La mayoría de los presentes y me incluyo, estábamos ansiosos por llegar a la parte de lo que fue “La prisión más temida de México”, pero antes de que el guía se adentrara en ese tema, nos explicó que en sus orígenes la Isla era un santuario dedicado a Tezcatlipoca y que a la llegada de los españoles sirvió para edificar la construcción que hoy en día podemos apreciar, fungiendo como resguardo de la ciudad de Veracruz, contra los ataques de tropas extranjeras, así como amurallamiento de las mismas para contra atacar al Puerto, también se usó como casa presidencial de Venustiano Carranza y por supuesto una de las peores prisiones conocidas en toda la historia. Durante el recorrido el guía nos pide hacer una pausa, para mencionarnos que estamos a punto de entrar a los calabozos y celdas más temidos.

La primera de ellas, es una celda obscura, cerrada, y con el hacinamiento habitual, la segunda, cuenta con las mismas características donde de manera adicional se llenaba de agua al subir la marea, cubriendo a casi la totalidad de los reos, con excepción de los que lograban subir a un solo escalón para librarse del ahogamiento, y la última, la más escalofriante y obscura de todas, carente de aire y en marea alta cubriendo a todos los presos dentro. Por obvias razones los reclusos morían debido a la desnutrición, infecciones y enfermedades de todo tipo. Y para facilidad de las autoridades eran arrojados a los tiburones que constantemente rodeaban la isla, impidiendo así que los reos escaparan nadando. Es una energía muy especial la que se percibe en el recinto y que impregna sus paredes. Por lo que la curiosidad nuevamente hace presa de nuestros pensamientos, cuando comienzan a narrarnos dos de las leyendas más nombradas en el lugar. La primera de ellas corresponde a un bandolero que despojaba de sus bienes a los adinerados para brindarle ayuda a los pobres, el mismo fue aprendido por sus estafas y llevado a la fortaleza de San Juan de Ulúa, donde logró escapar en dos ocasiones. Se dice que “Chucho el roto” o Jesús Arriaga como nombre de pila, tenía varios amigos que logró hacer fuera de la cárcel y a los cuales brindó apoyo, por ende al encontrar alguno de ellos como guardia en prisión consiguió hacer un trato para poder escapar de una sola manera: introduciéndose en un barril que contenía heces fecales, para poder camuflarse y salir sin ser visto.

Siendo así que en la fortaleza, algunas de las celdas tienen denominaciones tales como: la gloria, el purgatorio y el infierno.

La otra leyenda corresponde a una bella mujer apodada la “Mulata de Córdoba”, o Soledad, como se le conocía en ese entonces. De acuerdo al sistema de castas de la Nueva España, hija de un español con una negra, cautivaba a todos los habitantes de la ciudad, pero en especial al Alcalde, quién ofreció riquezas y regalos a tan prodigiosa mujer, sin embargo al rechazar ésta las propuestas de tan importante hombre, fue sometida a juicio por brujería y encarcelada en la fortaleza, sin embargo se dice que mientras se encontraba presa, pidió a uno de los guardias un pedazo de tiza y dibujó en las paredes de la celda un impresionante barco, cuando los custodios fueron por ella quedaron impactados por la obra de arte, fue entonces cuando Soledad les preguntó que era lo que faltaba al navío. “Que navegue” contestaron, en ese momento, la mujer subió al barco trazado, el cual comenzó a navegar por las paredes hasta perderse en el muro y escapar de ahí. Casi concluyendo mi estancia en tan impresionante edificación, se nos brindó de un tiempo libre para recorrer las dos salas de exposición; una de fotografía y la otra de objetos y materiales prehispánicos. Así mismo pude recorrer las azoteas y conocer las torres de vigilancias, desde las cuales se obtiene una vista espectacular y el cierre con broche de oro de mi tour a San Juan de Ulúa Me llevo gratas experiencias de una pequeña, pero no por ello menos significativa parte del Puerto de Veracruz, la energía suspendida que emana de tal edificación se impregna en mi ser y me envuelve con sus historias y leyendas, colmadas de encanto y misticismo, pronto regresaré a este bello puerto que siempre recibe con los brazos abiertos y con sones a todos sus visitantes.

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